¿Martín Fierro tenía razón?

El sueño se me escapa por alguna grieta de la mente. Así que acá está este esta Divina Divine sintiendo una necesidad imperiosa de escurrirse los pensamientos de encima y compartirlos con cualquiera que le interesa el tema a tratar: HERMANOS/AS
No se confundan con el título, no se trata de una frase dominical pomposa desde el púlpito de una iglesia, tipo “hermanas y hermanos hoy estamos aquí reunidos……bla bla bla”.
Me llegaron a través del sino de la vida distintas historias sobre las interrelaciones entre hermanos. Yo tengo los míos, una hermana y un hermano. Mi hermano menor,  con el que llevo una extraña vinculación de profundo amor encoctelado con una hielada indiferencia, vive en otro país. De momento no voy a entrar a relatar mi experiencia privada sino a plantear esto  ¿Qué pasa con el AMOR entre hermanos/as?
¿Es obligatorio, Hay que quedarse mal pegado al consejo de ese Martín Fierro que nos inculcó, a una edad temparana, en la que aún no nos interesaba analizar ni plantearnos consejos fundamentales para la vida, que teníamos que estar unidos?
Esta especie, los hermanos/as, te aparecen sin que lo pidas y te roban tu lugar de único, así, sin previo aviso, nadie te consulta, vienen nomás…Entonces te corren de lugar, te quitan la exclusividad del amor maternal y paternal e insisto hay que amarlos el resto de tu vida, porque son sangre de la misma sangre.
Ni hablar si sos hijo/a del medio, el que lo padeció lo puede entender. Es como dice un amigo mío ser el jamón del medio, al más grande le dedicaron todo el tiempo y la atención disponibles para conformar ese ser perfectito y complacer el ego materno/paterno de exhibir ante la mirada ajena el desempeño paretnal. Con el del medio ya están más en onda, la van llevando. Y uno en extásis hasta que viene ese otro/a y nos desbarranca del segundo puesto de la corte. Es feíto lo de segundo, último o primero, pero segundo no me cabe. El nuevo usurpador de atención filial ocupa no sólo su espacio de ser el menor sino el tuyo también porque no le alcanza con haberse aparecido sin permiso, se acapara todo, y para cuando la adaptación es lograda, la adaptación a esta situación, los celos y los rencores más el plus de los propios complejos, ya están encarnados en el alma.
Y esas familias numerosas en dónde ya se pierde total e irreversiblemente el lugar de unicidad. Cuando vienen más de cuatro, por ejemplo. No debe ser tarea fácil saber cuál es tu puesto en esa comunidad; y siete (me gusta mucho ese número apocalíptico) o incluso diez (otro número considerado positivo) ya se convierte en un pandemonio de identidad. La brecha generacional entre el más grande y el más chico; todo muy confuso en cuanto a los sentires entrelazados de estos miembros.
Fundamentalmente lo que me hace ruido hoy es: ¿hay que amar a nuestros hermanos incondicionalmente hasta que la muerte nos separa? Como dije, uno no los elige no sabe siquiera si quiere “compartir” con ellos, existen y ya….
Cuando a través de los andares de la vida misma uno se va desvinculando, ya sea por diferencia de ideas, conflictos internos, cosmovisión de la realidad, ¿hay que aceptarlos y seguir amándolos por sobre todo porque esa es la ley primera? Porsupuesto que uno tiene con alguno de ellos más afinidad y apego, complicidad, la infancia compartida; en definitiva crecieron juntos. Pero hago hincapié en que una vez llegado a la adultez cuando se produce la desmembración del vínculo al armar cada uno su propia historia, inevitablemente surge esa sensación de desconocimiento, si uno no está de acuerdo con las elecciones de vida del otro, habrá que aceptarlos y respetarlos, todo bien.
Hasta qué punto soltás el pasado cuando hubieron diferencias irreconociliables, por el simple hecho de nacer en la misma familia, se destierra el concepto de elegir a quién amás…..Realmente te podés dar el permiso de no querer relacionarte con un hermano, sin que la culposidad te nuble….El mandato instalado  habrá que respetarlo por simple tradición……¿En dónde entra acá el tema de los límites, hasta dónde llega tu libertad de amar sin condicionamientos?
Me parece que el factor perdonar, en casos de diferencias y riñas domésticas es necesario, lo que no quiere decir que habría que seguir relacionándose con el cosanguíneo ya sea por las aparencias o la moral y las buenas costumbres.
Hoy en día se suma el tema de las familias ensambladas, medios hermanos/as, hermanastros/as, en fin da para otra nota futura.
Aclaración, soy una ferviente creyente del concepto familia y en la buena relación entre hermanos/as, y la sola idea de no tener  a mi hermana mayor emocionalmente cerca me tira al vacío.
Hasta el próximo divague y no olviden que a pesar de los conflictos internos, la vida es bella.
Los dejo masticarlo y a la espera de otros puntos de vista y respuestas me voy hasta que me nazca nuevamente la inquietud de compartir algún otro divague.
P.D.: Me interesa muchísimo las opiniones o planteos de todas las Divinas Divine que me leen, pueden hacerlo debajo de la nota, gracias !!

Share

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *