Bajo la mirada del otro

Hoy me pregunto: ¿por qué nos inclinamos, ladeándonos sutilmente hacia ese lugar tan impreciso y obsesivo de situarnos en la mira de los demás?

Este mal hábito, por demás mal habido, vendrá de tiempos ancestrales; de un mirar hacia arriba a nuestros padres cuando niños.  A fuerza de pisar ese piso nos quedamos cómodamente a la expectativa de esa observación constante y enjuiciada, en vez de deslizarnos hacia el “yo soy” y hacia la vastedad de nuestro propio pensar y ser.

Nos envolvemos prolijamente y de manera metódica y constante en infinitas capas de papel maché, para no vernos o quizás para no reconocernos en el espejo del otro. Actuamos en consecuencia a este cuasi obsesivo comportamiento, es más, recorremos laberintos enroscados de acuerdo a nuestra confusa interpretación de esa dependencia de sabernos sometidos a ese escrutinio continuo que raya lo absurdo.

La premisa es trizar poco a poco y con paciencia esa estructura envolvente que nos ahoga y atrapa en una identidad inventada por miedo a simplemente vivir tal cual somos.

Esta Divina Divine se ha liberado de esa miserable rutina, alejándose, con su auténtico deambular por rutas propias y no ajenas en soledad.

Consejo: si te importa demasiado la mirada del otro, lo que opinen los demás, de tu imágen, de tu actitud, de tus pensares, corréte de ese lugar incómodo y simplemente dejá que tu alma se exprese sin importarte los ajenos. Sólo disfrutá que la vida que es bella.

Por: Bea Panasiti

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